sábado, 14 de marzo de 2026

HILOS

 


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Así comienza la creación según la religión. Empecé a leer la Biblia por recomendación de unos amigos. Estoy enfermo de cáncer y, según mi médico, me quedan pocos meses. Tal vez acercarme a Dios sea una forma de aceptar la muerte. Pero no tengo tiempo para procesos largos. He desperdiciado mi vida demasiadas veces y, al menos esta última, prefiero adelantarme. Desde el piso 8 estoy seguro de que lo alcanzaré enseguida.

La velocidad de la caída y el viento me hacen sentir vivo, irónicamente. En apenas unos segundos experimento sensaciones que en todos estos años no había sentido. Un golpe brutal recorre mi cuerpo y una cálida sensación de alivio se extiende por mis nervios. Al final, el cigarro no me lo acabé. Todo se oscurece. Apenas percibo los gritos de horror y el bullicio escandaloso de una patrulla acercándose.

Abro los ojos y me encuentro en un lugar inmenso, sin paredes ni techo visibles. No hay nadie más. Siento mi cuerpo, pero no lo veo. Por instinto avanzo, sin saber cómo. El espacio está bañado por una luz brillante pero no molesta. Poco a poco distingo pequeños hilos o fibras que tejen una red gigantesca, conectándose entre sí. ¿Un mapeado de la eternidad? ¿O tal vez no morí y quedé peor de lo que estaba?

Sin querer, uno de los hilos toca mi cuerpo y se despliega en mi mente una serie de recuerdos que no son míos: un joven de unos 25 años en un escenario, tocando para apenas diez personas. Se le ve feliz. Las imágenes son fugaces. Luego aparece otro sujeto; ya no está en el escenario, ahora viaja en motocicleta junto al chico. A toda velocidad no notan que la llanta se revienta. Salen disparados contra la pared de una tienda. Por un instante, su dolor es mío, una experiencia atroz, y después, la calma. El hilo se desprende.

Sigo avanzando. Ahora veo hilos de distintos calibres: algunos finos como seda de araña, otros robustos como cables de alta tensión. Creo que el golpe contra el concreto me dejó loco. Cómo quisiera un cigarro.

¿Es esto creación de mi mente o en verdad estoy muerto? Cómo deseo encontrarme con Dios…

A propósito, toco otro hilo, uno de gran calibre. Los recuerdos se sincronizan de nuevo con mi pensamiento: parece China o algún país de Asia. Un hombre poderoso ante quien muchos se inclinan con una mezcla de terror y odio. Llegó a ese puesto mediante lucha, muerte y traición. Sabe que lo odian, pero su pueblo también le agradece. Tres puñaladas en el corazón que no pudo soportar…

No entiendo la finalidad de este experimento, pero conectar tantos hechos en un solo lugar debió costar una fortuna. Cada hilo que toco me muestra momentos que no viví y otros que estudié en la escuela.

Entre la maraña encuentro uno más grueso que los demás. La curiosidad me obliga a tocarlo. Al contacto siento una calidez inmensa: amor, humildad, entrega. Pero también culpa, arrepentimiento, miedo y dolor. Siento dolores terribles en lo que deberían ser mis manos y pies; en el lugar del corazón, una aceleración brutal. Algo late con fuerza y pavor, aunque no hay nada físico. No puedo soltar el hilo, como si algo me obligara a permanecer unido. Estos recuerdos se sienten míos. Mi madre llora agonizante. Escucho gritos, insultos, risas. La espalda me duele muchísimo: golpes, castigos. Las burlas llenan de dolor mi corazón. Quiero llorar, pero no puedo. A pesar de todo, un amor profundo brota de no sé dónde. Mi ser se vuelve pesado, me cuesta respirar y mantenerme despierto. Tengo sed y nadie se compadece. Estoy desnudo; el dolor en manos y pies es insoportable. La fuerza de mis brazos se ha ido, apenas sostengo la cabeza. Juegan con mi ropa, se turnan para seguir castigándome. Sin embargo, no puedo culparlos. Su ignorancia los condena, pero no siento odio ni rencor. Su soberbia será su peor castigo. Es una pena que mi vida se haya sacrificado en vano.

No sé cuánto tiempo perdí el conocimiento. El dolor y la tristeza que me invadió fueron tan reales que me desmayé. Ya no tengo ese hilo pegado; lo sujetaba con una fuerza que no comprendí.

¿Quién habrá construido esto? Alguien con mucho tiempo libre, seguro.

Encuentro otro hilo brillante, distinto a los demás. A pesar de su luz, es helado al tacto. Lo agarro con fuerza y un orgullo y una voluntad inmensos se apoderan de mí. Los recuerdos fluyen: soy un hombre poderoso, realmente querido por muchos. Estoy en una plaza pública leyendo un manifiesto. Cada frase, cada gesto, mi pueblo lo siente en el corazón. Su mirada es de orgullo y esperanza. Sin embargo, hay miedo y dolor por todas partes. El mundo no comparte mi visión y poco a poco pierdo parte de mi humanidad. Algunas partes están borrosas; sé que hice cosas atroces, pero todo estaba planeado con un propósito. Si el mundo me odia, mi pueblo me seguirá hasta el final.

Estoy solo, desesperado, lleno de rabia e impotencia. Tanto sacrificio en vano, tanta sangre derramada que tampoco sirvió. No han aprendido ni mediante el amor, ni a través del dolor y el miedo. Son tan imperfectos e ignorantes.

De nuevo perdí el conocimiento. La carga emocional de los hilos más gruesos es brutal; mi aparente cuerpo no puede procesarla. No sé cuánto he avanzado ni me importa el tiempo. Tampoco entiendo qué hago aquí.

Ahora distingo un fondo en este lugar: de ahí emanan los hilos y la luz. Avanzo con firmeza. Lentamente aparecen paredes a ambos lados, un techo con figuras extrañas que, por alguna razón, me traen recuerdos. En las paredes hay escritos: nombres, males, virtudes, fallos. Esto no tiene lógica; explicarlo es inútil, nadie lo entendería. Desearía que el mundo viera esto para no ser el único en perder la cordura. Tantos sellos, símbolos y garabatos que nunca he visto, pero que de alguna forma comprendo, como si los hubiera conocido desde niño…

¡Un niño! Al fondo está sentado frente a un arenero, como en un patio de juegos.

Así que tú eres “Dios”.

Mírate. ¿Dónde quedó tu magnificencia, ese poder que tus predicadores divulgan? Creí que al encontrarte vería un ser imponente. Y me topo con un chiquillo distraído en su caja de arena. ¡Tengo tanto que decirte!

Pero ni siquiera te atreves a mirarme. Traes dolor y miseria a los hombres y exiges que te sigan, que te tengan devoción, bajo la promesa de vida eterna y protección. Y les pagas con tragedias, haciendo sus vidas difíciles y dolorosas. Mandas peste, guerra y hambre. Permites que el hombre mate a sus semejantes y ni siquiera intervienes por los que te siguen ciegamente.

No eres capaz de ver tus fallos. Cada cosa que has creado lleva tu sello y también tu marca inconfundible de error. Tienes el poder de borrarme, de desaparecer mi espíritu y cualquier rastro de que existí. Y aun con tu infinito poder eres incapaz de corregir el error que implantaste en tu máxima creación. Tengo tanto que reclamarte, tanto que agradecerte. Gracias por mi enfermedad, por todos los que amé y mataste, gracias por lo que me quitaste… Gracias porque incluso me arrebataste las ganas de vivir. Mírame, maldita sea. Contempla uno de tus errores sufriendo por tu causa…

El niño ni siquiera levanta la vista. Su mirada se clava en la arena. Toma un puñado, la observa caer entre sus deditos. Al vaciarla del todo, mira sus palmas, sus nudillos. Sonríe.

Siento un golpe directo en lo que debería ser mi abdomen. Salgo disparado del lugar con una fuerza incomparable a la de la caída. Rompo los hilos que se cruzan en mi camino. Absorbo recuerdos como nunca, pero se desvanecen casi al instante. Ya no es el golpe lo que me impulsa: es algo más.

Cada nombre, cada historia, resuena en mi cabeza. ¿He vivido todo esto? ¿Yo solo? ¿No hay más? ¿Qué propósito tiene este círculo de dolor y tragedia?

Apenas mantengo la coherencia. Todo vuelve a oscurecerse. Mi corazón, mi cuerpo, se sienten más físicos… No siento nada. No recuerdo nada.

 


martes, 3 de marzo de 2026

ALWAYS BLUE

 


Te amo, te odio. 
No puedo apartarte. 
Te respiro, te pruebo. 
No puedo vivir sin ti.

Te vi en ese vestido blanco y azul; tu hermoso cabello negro azabache, brillante. A pesar de la clara señal de advertencia que se disparaba ante mis ojos, lo acelerado de mi corazón me obligaba a acercarme.

El roce de tu cuerpo en mis manos me emocionó; casi resbalabas entre mis dedos, atontados por el nerviosismo. Hacía tanto que no te sentía tan cerca... tan mía, desde hacía mucho.

Tu aroma, al despojarte de aquella barrera que nos estorbaba, penetraba en mis narices; no podía esperar a probarte de nuevo. Estaba tan ansioso como la primera vez que te conocí y, como siempre, tu sabor era la medicina para mi ansiedad desbordada. Esa lujuria que sentía al probar tu fuerte olor seguramente era hasta incómoda de escuchar.

Sé bien que cada bocanada es vida que escapa de mi ser y que, al final, ese amor obsesivo será el que me lleve a la tumba; pero sentirte en mis labios y respirar tu cuerpo ardiente es el máximo placer.

sábado, 28 de febrero de 2026

EL JUEGO DE LOS REYES

 


¿Qué diferencia hay entre morir por Dios y morir porque te lo ordenan, creyendo que salvas al mundo del mal?

Todo el tiempo nuestras vidas se mantienen sobre el filo de una espada. Hoy despertamos con problemas, algunos muy triviales; nos preocupamos por pagar la tarjeta, el auto o la despensa. Si no te contestan un mensaje, se te quita el sueño; si le reaccionan a tu pareja, el mundo se te viene abajo.

Pero mientras nos distraemos entre el scrolleo y las superficialidades del día, en las altas esferas se pacta, comercia y pelea por intereses económicos, geopolíticos y religiosos. Los poderosos deciden cuántos morirán hoy a cuenta de un pedazo de tierra, y sus contrapartes deciden la cantidad de mártires que ofrendarán a una profecía que llevan defendiendo por siglos.

Al final, la sangre siempre es del mismo color, sin importar el dios que la reclame.

Por otro lado, en las zonas afectadas, el ciudadano común —como tú que lees esto o yo que lo escribo— paga con su sangre y la de sus descendientes las decisiones que sus líderes acaban de tomar; lo peor es que toman bandos como si se tratara de una guerra personal.

Si tomamos como referente las corrientes religiosas, en la mayoría se incita al ser humano a vivir en paz con sus semejantes, procurando el respeto y los buenos valores. Asimismo, el lado menos místico se rige por los mismos principios. Hoy, y todos los días, se vulneran esos preceptos: desde el insulto que se le escapa a tu boca por el fulano que se pasó el alto, hasta lanzarle misiles a tus hermanos de especie.

Es curioso: le dices “por favor” y “gracias” a tu asistente digital, pero al panadero apenas si le contestas el saludo. Lloras por cachorros en un video viral, pero eres incapaz de soltar un suspiro por tus hermanos que sufren. Sufrimiento chatarra.

Hoy, como todos los días, estamos en un punto crítico, esperando noticias sobre las negociaciones de los poderosos mientras nos desangramos lentamente y, aun así, seguimos maldiciéndonos mutuamente.


miércoles, 25 de febrero de 2026

CORRETEADOS Y TUMBADOS


Imagen: Blog Del Narco


Irónica es la vida: los cuerpos de elementos de la Guardia Nacional, despedazados por las balas del Cártel Jalisco Nueva Generación, yacen al pie de una lona publicitaria barata donde se anuncia un evento «familiar» de música regional. Sí, los efectivos muertos sirven ahora como un infame pie de foto para grupos que glorifican a los criminales que acaban de arrebatarles la vida a hombres y mujeres que, sin saberlo, se embarcaban en su última misión.

El 22 de febrero de 2026 queda marcado como uno de los días más oscuros en la historia moderna de México, pues se logró abatir a uno de los capos más brutales, sanguinarios y temidos del país. «El Mencho», como era conocido, fue herido de gravedad durante una operación militar del Ejército Mexicano y murió mientras era trasladado en calidad de detenido a la Ciudad de México. Esto desató una serie de actos violentos que, a diferencia del famoso Culiacanazo, afectaron a más de 20 estados de la República.

Elementos de la Guardia Nacional y el Ejército se enfrascaron en violentos enfrentamientos. Durante los días siguientes, las redes sociales se han llenado de videos y fotos que retratan el fiero combate de ambos bandos, aderezado con una banda sonora de narcocorridos y apología a la violencia. Despreciable por demás que la música juegue un papel tan importante y funesto en esta orgía de lo atroz. ¿En qué momento las redes se convirtieron en un espectáculo de sangre y fuego? Un matadero amenizado por corridos tumbados nos parece lo más normal y hacemos burla del suceso.

La fotografía que presento al inicio no solo es una muestra de que lo que consumimos es el reflejo de nuestra sociedad: letras que ensalzan al jefe criminal, idolatrando la vida del capo que creció en la miseria, pero se forjó un nombre a punta de balazos y descabezados. Es un grito de una sociedad que se refugia en el ensueño de una vida mejor sin importar vender su alma al diablo con tal de llenar el estómago y el vacío de sus anhelos. Costó la vida de más de una veintena de uniformados y de una cifra aún más elevada de mexicanos abandonados y hambrientos, en su mayoría jóvenes.

Y como se ha dicho antes, en la guerra los jóvenes mueren y los viejos charlan. La presidenta dio su pésame, un general lloró la tragedia y no descartemos que los poderes se hayan sentado a negociar sobre el destino de nuestras vidas, dejando al país bajo la espada de Damocles. Hoy se respira una calma sospechosa, pero el clima es frío, vaticinando algo más allá de solo la caída de un líder criminal. Porque, al igual que las balas, los fragmentos causan más daño.

sábado, 3 de diciembre de 2022

PORCELANA

 


PORCELANA

Y escarbando en el baúl de cosas olvidadas te encontré, mi vieja muñeca de porcelana. Por un momento añoré con una gran emoción y nostalgia los viejos tiempos, aquellos que pasamos juntos entre risas, confesiones, juegos y algunas noches de llanto.

Vinieron a mi mente promesas incumplidas, sueños rotos además de fantasías cuando menos innombrables. Y lloré, como un niño que mira su juguete favorito caer por la alcantarilla o siendo destrozado por el auto de papá que lo atropella por descuido, mi alma derramó incontables lagrimas por todo lo que un día significaste para mí, tierna muñeca de suave y lindo rostro.

Hoy te contemplo, manoseada por el tiempo, remendados los trozos de tu alma y ser por agujas que entintan tus heridas más profundas, marcas con las que intentas esconder cicatrices del pasado más terrible y es que al dejar de ser compañeros de juegos nos perdimos en el laberinto de la soledad.

Te miro y ya no siento deseos de confesarte mis ilusiones, la tristeza y repulsión se apoderan de mí, me asusta ver tu rostro fragmentado y es que no eres más nada que un viejo juguete roto y maltratado.


jueves, 3 de noviembre de 2022

DALIA

 


Cuando tu familia, amigos y vecinos descubrieron nuestro amor reprobaron enérgicamente la unión que Dios y la vida habían favorecido, era como si quisieran bloquear los caminos divinos que el mismo creador trazó y juntó. Recuerdo nuestro primer paseo, a escondidas de tus padres y de como tú pequeño hermano nos descubrió en el parquecito del pueblo, ocultos bajo la sombra de una jacaranda. Don Cristóbal, tu padre, llego escopeta en mano y amenazó con desaparecerme si no abandonaba la idea de enamorarte, lo que ignoraba por completo era que ya estábamos más que enamorados. Para ellos era una ofensa digna de pena capital la relación de su joven hija con un comediante venido a menos, un hombre entrado en años que divertía borrachos o al menos era lo que creía pues estaban más ocupados con las mujerzuelas del local en el que trabajaba que en reírse con mi rutina. Las semanas pasaron y nuestras furtivas citas y reuniones a escondidas en mi oficina eran cada vez más intensas, incontables veces miré hipnotizado la suave caída de tus ropas endulzando con tu perfume el interior de ese viejo cuarto.

Pero la vida muchas veces es injusta y maldita, decidiste emprender un viaje del que tus conocidos aseguraban no regresarías, que estarías en un lugar más adecuado para ti y rodeada de gente como tú. Cada noche era una tortura, repetía en mi mente cada uno de nuestros encuentros y mis fantasías eran tan intensas que mi corazón se estrujaba recordando cada palabra que de tu boca salía mientras no parábamos de amarnos una y otra y otra vez, con intensa pasión acariciaba mi cabeza y casi sentía el roce de tus tersos dedos en mis mejillas, acariciando mi barba mientras susurrabas cuanto me amabas.

Fueron días negros, mi pecho estaba ensombrecido por el pesar, mi menta no podía más soportar el tormento y la agonía de abstenerme de estar contigo y aunque fuera la último que hiciera en esta vida te encontraría. Tu familia se empeñó en ocultar tu paradero pues sabían que lo nuestro era una relación prohibida y mal vista por la sociedad, 10 años nos separaban de lo que aquellos consideraban moral y permisible; pero quien carajo se creyeron esos tontos, pensar que el amor debe medirse en escalas de tiempo ordinarias, en reglas absurdas que hombres sin conocimiento del amor formularon para delimitar los que era justo y lo que no.

Usé todos mis recursos disponibles y hasta conseguí un poco de dinero en el banco porque estaba decidido a traerte conmigo y poder perpetuar nuestro amor. El tiempo que duraron mis pesquisas pude construirte una habitación confortable repleta de figuritas de porcelana, esas que tanto te gustaba coleccionar, perfumes de esencias florales y frutales, una enorme cama de colchoneta suave y desbordada de cojines de las más finas y tersas telas, además de una imagen del Arcángel Rafael a quién le profesabas devoción Y así, una noche de tantas que el insomnio, la angustia y la soledad no me dejaban pegar los ojos emprendí mi travesía hasta aquel lugar del que se mencionaba estabas encantada ya. La mañana me alcanzó en el cuartucho gris en el que dormías, silencioso contemple tu rostro, al que la penumbra de tu habitación no le hacía ningún favor. Abriste los ojos, reconociste mi cara y aunque no pudiste articular palabra alguna de la emoción sentí en tu mirada el calor del amor que siempre nos juramos. Presurosos cogimos lo esencia y comenzamos nuestro regreso a casa, nadie podía verte salir conmigo así que alquilé una vieja camioneta a un vecino del lugar, se veía desconfiado, pero cuando le enseñé los billetes que podía ganar por el favor hasta se ofreció a servirnos de chofer. Viajamos en silencio, solo mirándonos profundamente con amor y cariño.

Los días pasaron y se hizo noticia tu desaparición, como era de esperarse tus padres me señalaron como el principal sospechoso pero mi casa estaba lejos de ser la escena del crimen, esperaban encontrarte atada y víctima de tantas vejaciones que la revisar no solo una sino hasta 4 veces mi propiedad se fueron en medio de maldiciones y amenazas sin encontrar nada más que las cartas que te escribía en mis noches de impaciencia.

Cada noche después de mi jornada visitaba tu nueva morada en la que siempre te encontraba cándida y amorosa, te llenaba de besos y caricias, consumábamos nuestro amor con pasión y lujuria pecaminosa, pero siempre sabedores que estábamos llenos de tanto amor que era válido demostrárnoslo en todas las formas posibles. Más de una vez amanecimos abrazados, fundidos como un solo ser y otras tantas más me lleve tu aroma en mi cuerpo, un aroma casi celestial al que los borrachos y rameras les causaba desagrado. Eran los mejores momentos de mi vida, hasta que Don Cristóbal nos descubrió, de todos era el más astuto y pudo encontrar los cabos sueltos que descuidado dejé en mi casi perfecto plan…

Cuando tu familia, amigos y vecinos descubrieron nuestra morada, me llamaron enfermo, demente, trastornado y tantos horrores como conocían, no dudo que algunos los inventaron en esos momentos llenos de coraje e impotencia. Maldijeron mi esfuerzo por mantenerte a mi lado, vieron con desagrado el cuidadoso trabajo que hice por mantener tu esbelto y joven cuerpo en perfectas condiciones, les dije que tú me lo pedias expresamente pero solo recibí golpes y amenazas de muerte, ignoraban que todos esos bálsamos y aceite te conservarían en una juventud casi eterna. Se horrorizaron al saber el monto pagado por encontrarte y poderte sacar de aquel cuarto gris e inmundo en el que te escondieron de mí, de ese horripilante y frio cementerio del que pude rescatarte. Y es que no comprenden, ni lo harán jamás, que el amor no puede ser medido de ninguna forma convencional, el amor no puede detenerse mediante ninguna barrera y ni siquiera Dios puede ya detener algo que él mismo formó…

Hoy, después de tantos meses de juicios y alegatos vienen por mí, me han nombrado de tantas formas y tan abominables que mi único consuelo es el saber que después de las 6 de la tarde del día de hoy podré reencontrarme contigo, en los hermosos jardines del más allá. 


sábado, 16 de julio de 2022

CUANDO NADIE NOS VE

 


CUANDO NADIE NOS VE

Julio de 2019

Un tenue brillo se veía a lo lejos, nacido de una pequeña pero acogedora cabaña. Fernando la había alquilado para festejar el reencuentro con aquel que consideró por muchos años el gran amor de su vida: Livia. Pasaron casi 4 años que se despidió de ella en la terminal de la ciudad capital, lamentó cada día el no haberla abrazado por última vez, un abrazo tan fuerte, tan ardiente y lleno de amor que los fundiera en un solo ser, que evitara su separación. 

Pasaron los días, ella le prometió regresar, algún día quizás… Ese día jamás llegó, y la distancia hizo más profunda la brecha en su relación, hasta que se extinguió.

Unas semanas atrás se reencontraron, una breve charla derivó en un café, una salida a comer y por la tarde y platicas que se extendían hasta casi el amanecer. Fernando explotaba de alegría cada que leía sus mensajes o que la miraba a los ojos mientras sorbía el café. Su amor renacía a cada momento, Livia se mostraba cándida y cariñosa, recordaban juntos sus escapadas al campo o cuando se perdían por horas en la ciudad buscando la nueva pieza para la colección de Fernando, su cacería de comics, viejos tiempos.

La mañana anterior al 7 de julio, almorzaron como de costumbre, los comensales vecinos se alejaban lentamente incómodos, la pareja explotaba en una fuerte discusión, Fernando se notaba molesto y confundido, Livia por su parte destilaba dureza, frialdad y furia. El punto crítico se alcanzó cuando la joven muchacha exclamó:

-          ¡Ojalá no hubiera aceptado tu invitación nuevamente, sabía que se saldría de control!

Salió molesta y apresurando el paso, mientras Fernando apenado recogía los pedazos de platos, tazas y dignidad.

La distancia se rompió por la noche, cuando al celular de Livia entraba un mensaje que decía:

“Lamento lo de esta mañana, por favor, permíteme recompensarte. Te veo mañana por la tarde en el parque del zócalo, sé que te encantará”.

Livia sintió remordimiento, después de todo, fue ella quién comenzó todo. Aceptó la invitación, algo en su corazón le hacía querer ir.

Fernando llegó puntual a la cita, incluso alquilo un elegante traje a medida. Livia por su parte llegó vestida discretamente, detalle que el hombre pasó por alto, irradiaba belleza antes sus ojos. Presuroso la escoltó hasta su auto y le ayudo a entrar, estaba tan emocionado. Emprendieron su viaje.

Durante poco más de 40 minutos reinó el silencio, hasta que Livia preguntó hacia dónde la llevaba.

-          Hace años, prometimos ir a un viaje al parque ecológico a las afueras de la ciudad. Ayer pude alquilar una cabaña en la villa turística, quiero que este viaje sea inolvidable.

Livia dirigió su mirada por la ventanilla durante el resto del viaje, pensando en las viejas promesas que se hicieron.

-

Una vez instalados la chica contempló con admiración todos los detalles que Fernando había dispuesto en el lugar: sus flores favoritas adornaban una mesita de centro, velas perfumadas con aroma a violetas cuya luz escapaba ligeramente por la ventana. Un delicioso pastel de chocolate y helado de vainilla era el postre que coronaba una rica cena de cerdo y verduras. La pequeña casita contaba con una cama, grande y muy cómoda pues era el sitio romántico ideal para muchas parejas que se alojaban cada semana. Esta ocasión estaba adornada con sabanas rojas.

Fernando destapó una botella de ron para celebrar, sabía que Livia no se podía resistir al ron especiado, su aroma y sabor llenaron los vasos pues le encantaba tomarlo solo. Brindaron, con cierta timidez mirándose fijamente, una breve sonrisa de ella bastó para que el enamorado muchacho la tomara entre sus brazos y le pidiera, susurrante, que bailaran su canción, la que los acompaño durante mas de 5 años de relación. Livia se encontraba perdida en sus recuerdos, pero la calidez de Fernando la hacía sentirse segura y poco a poco se entrego a sus sentimientos reavivados. El joven la separó un poco de su cuerpo, tomándola por los hombros y al compás de la música le dijo:

-          Mi amor, lamento mucho haber llegado por segunda vez tarde a tu vida. Durante mucho tiempo guarde en mi pecho la esperanza de volver a verte, sentir tus manos cobijadas por las mías, el aroma de tu perfume. Poder jugar con tu cabello por las noches, besarte y embrutecerme con tu aliento. Imaginé cada noche mil y una versiones distintas de nuestro reencuentro, y ninguna se acercó siquiera a lo mágica que fue la real. Te juro, que a pesar de que probe otros labios, me fundí con otros cuerpos y compartí mi esencia con otros seres jamás encontré la calma que traías a mi alma. Por eso, quiero que seamos uno, consumando los sueños que durante años compartimos, anhelo caminar de la mano contigo hasta la eternidad y continuar nuestro viaje…

Livia sintió una punzada en el corazón, como un choque que entraba por su espalda y le recorría todo el cuerpo, sentía que flotaba pues perdió la fuerza de sus piernas durante unos segundos, quería expresarse, pero Fernando silenció sus palabras con un beso tan fuerte que sentía que la vida se le escapaba mientras la apretaba con fuerza contra su cuerpo. Tras la muestra de amor, el joven la cargó con sus flacos brazos y la llevó hasta la cama, sin apartar la mirada de su amor la deposito con suavidad sobre las rojas sabanas y le murmuró:

-          Sé que en esta vida es imposible cumplir este sueño, por eso querida mía, decidí que esta sea nuestra última morada en este plano. En la eternidad nos encontraremos una vez más, sin nadie que se entrometa, ni tu pareja actual ni las pasadas. Seremos uno para el otro. Mi corazón se rompió ayer y desde ese momento vago muerto en vida, pero hoy nos haremos compañía.

Livia se encontraba inmóvil, su débil aliento no le permitió gritar pidiendo ayuda y sus clamores se apagaron a la par de las tenues luces de las velas. Solo la luna alcanzaba a filtrarse ligeramente. Sintió como la punzada en su corazón se perdía mientras un enorme cuchillo estaba tirado en el piso embarrado de su espesa sangre. Fernando le dio un beso por última vez, aquel ron le hizo perder la movilidad de sus miembros y ya nada podía hacer, su enamorado le había robado el último suspiro. Con ternura cerró sus ojos y besó su frente, se despidió de su gran amor y acto seguido se disparó en la boca, apresando con fuego el sabor de su gran amor.