Te amo, te odio.
No puedo apartarte.
Te respiro, te pruebo.
No puedo vivir sin ti.
Te vi en ese vestido blanco y azul; tu hermoso cabello negro azabache, brillante. A pesar de la clara señal de advertencia que se disparaba ante mis ojos, lo acelerado de mi corazón me obligaba a acercarme.
El roce de tu cuerpo en mis manos me emocionó; casi resbalabas entre mis dedos, atontados por el nerviosismo. Hacía tanto que no te sentía tan cerca... tan mía, desde hacía mucho.
Tu aroma, al despojarte de aquella barrera que nos estorbaba, penetraba en mis narices; no podía esperar a probarte de nuevo. Estaba tan ansioso como la primera vez que te conocí y, como siempre, tu sabor era la medicina para mi ansiedad desbordada. Esa lujuria que sentía al probar tu fuerte olor seguramente era hasta incómoda de escuchar.
Sé bien que cada bocanada es vida que escapa de mi ser y que, al final, ese amor obsesivo será el que me lleve a la tumba; pero sentirte en mis labios y respirar tu cuerpo ardiente es el máximo placer.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario